Después del espadillo de la Segunda Guerra Mundial, Italia declaró guerra a Inglaterra. Siguieron batallas al confín con Sudán y en 1941 los ingleses entraron a Asmara. Eritrea estuvo bajo la administración colonial de Gran Bretaña hasta 1952. Durante los primeros años de la administración británica, Eritrea sufrió tuvo que pasar un periodo de decadencia, pero la falta de los subsidios del gobierno italiano hizo de modo que el país desarrolló una autonomía comercial y económica. De hecho, en los años ’40 la economía de Eritrea floreció de nuevo. Pero a causa de los eventos de la Segunda Guerra Mundial que desplazaron la atención sobre otras zonas, Eritrea perdió su importancia estratégica y los ingleses empezaron a irse, llevando con ellos muchas infraestructuras construidas durante los años del colonialismo italiano. Así, al final del año 1946, Eritrea estuvo en una situación de crisis económica.

En 1950, las Naciones Unidas decidieron que Eritrea sería que ser una País autónomo, anexo pero a Etiopía: en 1961, entonces, Eritrea pasó a ser una provincia del impero etíope. La población eritrea, pero, no agradeció esta anexión a Etiopía, porque las autoridades etíopes suprimieron la bandera de Eritrea y reemplazaron la lengua tigriña con el amárico, hablado en Etiopía. Además, desplazaron los centros de poder en Addis Abeba, ejerciendo un control cada vez más cerrado sobre la provincia. Las continuas protestas contra este régimen fueron acabadas con la violencia y muchas personas fueron brutalmente asesinadas.
En 1961, entonces, en la ciudad de Amba Adal, un grupo de hombres se rebelaron y atacaron una guarnición de la policía. Así empezó la guerra para la independencia.

La guerra de liberación, llamada también “La Lucha”, duró 30 años: desde 1961 hasta 1991. Fueron años terribles.
Muchos movimientos para la independencia nacieron en aquellos años, pero a causa de la pertenencia religiosa estuvieron eran rivales. Sin embargo algunos miembros se separaron de estos y fundaron otro movimiento de resistencia contra la ocupación etíope: el Frente Popular para la Liberación de Eritrea, que era de corte socialista y igualitaria y dominó el resto de la lucha para la independencia.
En 1974 el coronel Menghistu, dictador comunista, tomó el poder y buscó ayuda por los EEUU. Luego, Etiopía tuvo ayuda de URSS también y la capital Asmara quedó bajo el dominio del ejército etíope. Entonces frente a un ejército dotado de armas sofisticadas, los guerrilleros eritreos fueron obligados a retirarse. Los años siguientes fueron terribles.
En fin en 1987 se reconoció a Eritrea la condición de región autónoma y en 1991 Isaias Afewerki, líder del FPLE formó un gobierno provisional. En 1993 se celebró el referéndum que aprobó la independencia del territorio. De aquel momento Eritrea se esforzó para remediar a los daños ocasionados por la guerra y reconstruir las infraestructuras. Fueron introducidas también nuevas leyes para la protección del medioambiente, los discapacitados, los derechos de las mujeres y la lucha contra el SIDA.

Pero los problemas con Etiopía no acabaron. En 1997 aparecieron tensiones económicas entre los dos países a causa de la creación de la moneda nacional de Eritrea, el Nakfa, que sustituía el Birr de Etiopía. Esta acción representaba una rotura económica con Etiopía, porque Eritrea no quería ocuparse de la deuda pública etíope. En 1998 empezó una guerra de fronteras en la que murieron a 200.000 personas. El conflicto fue atroz y ambas las partes utilizaron armas químicas, como el napalm.
Por último en 2000 se llegó a un acuerdo en el que se encargaba a la ONU de trazar de las fronteras.

La historia de Eritrea de estos últimos diez años se caracteriza por dos aspectos importantes:
La fallida resolución de la ONU relativa a la guerra contra Etiopía. Eritrea, de hecho, se encuentra en una situación precaria que no es ni de guerra ni de paz. De hecho, no se ha llegado todavía a un acuerdo definitivo de paz después de la última guerra entre los países.
El intento de construir una sociedad libre de los acondicionamientos económicos y políticos de las superpotencias mundiales (especialmente de los EEUU) y de la globalización, que representa, en los países pobres como Eritrea, una causa de empobrecimiento y explotación en lugar de un recurso.

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