Vivir el la colonia de Eritrea era como vivir en una provincia promedia italiana. Los bienes de consumo italianos eran mucho costosos, pero eran también producidos localmente y sus precios más accesibles a todos. En las ciudades principales como Asmara y Massawa se podría encontrar de todo: orfebres, mecánicos, artesanos y comerciantes. En Asmara, además, había un teatro, 3 cines y un círculo de oficiales. Asmara se convirtió en capital en 1897 y en los años ’30 adquirió un aspecto típicamente italiano. De hecho, es posible admirar su arquitectura art deco y fascista, como el cine “Cinema Impero” e la antigua sede de la empresa Fiat “Fiat Tagliero”. Ahora la ONU la considera un “world heritage center” (centro del patrimonio mundial).

En los años anteriores a la subida del fascismo, algunas ocupaciones y estructuras eran accesible sólo a los europeos. Sin embargo, durante los años del régimen fascista, esta política de segregación fue intensificada, hasta llegar a convertirse en una verdadera apartheid en ocasión de la aprobación de las leyes raciales. A los eritreos fue prohibido de acceder a bares, restaurantes o barrios residenciales para la población blanca. Sin embargo las leyes no concernieron la superioridad de la raza aria. Italia, con estos decretos, quería combatir las uniones de hombres blancos con mujeres indígenas. En Eritrea, en aquellos años, vivían 2700 hombres italianos célibes y sólo 450 mujeres italianas solteras. Este desequilibrio causó obviamente uniones entre italianos y eritreas: el resultado fue un creciente numero de “meticci” (mestizos), que, si reconocidos por el padre italiano, beneficiaban de todos los privilegios de los italianos. No obstante, en 1940 la leyes fascistas fueron modificadas y los mestizos fueron declarados indígenos y de consecuencia perdieron todos sus privilegios. A pesar de todo, el numero de los hombres italianos siempre superó lo de las mujeres italianas y estas leyes casi nunca fueron respetadas y aumentaron la prostitución y los hijos ilegítimos.

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